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Unión Europea: Renovarse o morir
Publicado el 13 de dic. 2016

¿Qué está pasando en la vieja. Europa? ¿Qué ha sido de la prolífera creatividad política de la Ilustración, del agitado siglo XVIII, de la Europa revolucionaria del convulso siglo XIX, o de la apasionada imaginación política de los años 60 del siglo pasado? ¿Qué ha sido de nuestra poderosa y universal tradición filosófica e intelectual? ¿Qué hemos hecho del legado político de Erasmús o de Chateaubriand? ¿Qué nos queda de los tres principios de la Revolución francesa?
Me hago estas angustiosas preguntas porque no puedo entender que la inteligencia europea no haya sido capaz de encontrar una respuesta política nueva y con suficiente atractivo popular como para contrarrestar el ascenso de ideologías burdas y simples, pero sin poner en peligro lo que hasta hace menos de 4 ó 5 años eran considerados como los grandes logros políticos, sociales y culturales de la Unión Europea.
Parece como si la respuesta estuviera en la mente de todos menos en la de los responsables: Que las Instituciones que trajeron esos logros son las que impiden ahora las reformas coperniquianas que podrían salvarla.


La Comisión Europea


Esta Comisión se percibe como una Institución política sin una legítima representatividad, que se inmiscuye en competencias que deben estar reservadas a los Parlamentos nacionales, regionales e incluso locales. Por si esto no fuera bastante, carece de un líder carismático y respetado, como son los casos del Vaticano o las Naciones Unidas, porque su gestión no suscita ni ilusión ni entusiasmo popular.
Para hacer esta institución más próxima y aceptable por la ciudadanía, las iniciativas que lleguen a esta institución deben surgir en una primera instancia de la base de la sociedad civil, para ser tramitadas, completadas y mejoradas por los Consejos provinciales, regionales y el nacional*, de manera que la Comisión Europea se limite a documentarlas, ampliarlas si fuera necesario, y tramitarlas para su aprobación por el Parlamento Europeo.


El Parlamento Europeo


Pero si la Comisión tiene una pésima aceptación el Parlamento Europeo todavía es peor valorado por los ciudadanos de la Unión. Esta gigantesca y costosa institución compuesta por 751 diputados, que representa a 375 millones de votantes, se vanagloria de ser la única institución elegida directamente por los ciudadanos en la Unión Europea, pero paradójicamente es precisamente este proceso de elección su peor defecto, porque la gran mayoría de ellos son totalmente desconocidos por los ciudadanos que los eligen, ni saben a ciencia cierta en qué consiste el trabajo que justifica sus elevados sueldos y sus generosas dietas.
También el Parlamento Europeo debería descentralizarse, reducir su tamaño y sus competencias. Es preferible transigir y limitar su influencia a poner en riesgo su propia existencia. Muchas de sus competencias corresponden a las Asambleas nacionales, e incluso a las regionales, cuyas resoluciones pueden ser debatidas y aprobadas o rechazadas por el Consejo Europeo.


El Consejo Europeo


Tal vez sea esta la única institución europea que pueda permanecer tal y como es en la actualidad, pero, una vez más, descentralizándose. Esto quiere decir que deberían crearse Consejos regionales, provinciales, e incluso, locales, a celebrar en su ámbito territorial, pero coordinado a nivel europeo.
Así, por ejemplo, existen actuaciones de ámbito local, como la protección de la cultura rural o la gestión sostenible de sus recursos, cuyos debates y deliberaciones no pueden delegarse a políticos desvinculados de este ámbito, sino que deben hacerlo delegados de las mismas Asambleas locales, quienes conocen de primera mano los temas a tratar.


Conclusión: Renovarse o morir


Este artículo no es más que unos breves apuntes de algunas de las muchas reformas que necesitan las desfasadas instituciones de la Unión Europea para que los ciudadanos recuperen la confianza y la ilusión en este proyecto de convivencia entre los diversos pueblos y naciones de Europa.


Los europeos tenemos un destino común, pero que debemos recorrer por senderos distintos. Cada país, región, provincia e incluso localidad tiene su propia personalidad, que no puede ser atropellada por unas instituciones demasiado rígidas, centralistas y burocratizadas, a cambio del chantaje de las subvenciones.
Estas necesarias reformas concederían un mayor protagonismo a la sociedad civil, pero también haría más compleja su gestión, por lo que hace tan solo una década no hubieran sido posible. Pero ahora estamos inmersos en una revolución tecnológica que hace viable la gestión de estas propuestas, por complejas que nos puedan parecer.
A la Unión Europea le queda ya poco tiempo para hacer las reformas necesarias si quiere evitar su disolución; el tiempo que tarden los partidos políticos euro-escépticos en llegar al poder en las grandes naciones europeas. Lo que, de no implementar estas reformas, sucederá inevitablemente.
*Tema desarrollado en mis ensayos eDemocracia para indignados y Ecología y sociedad civil

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