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Jaime Despree
Escritor, periodista independiente y filósofo amateur
Interesado en Filosofía, Ciencias sociales, Literatura
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eDemocracia para Indignados
Publicado el 11 de dic. 2016

Es comprensible que sintamos verdadero pánico cuando alguien, en especial si es prominente, diga que la democracia está tan corrompida y manipulada que ya no se puede decir que sea democracia. Como por lo general es más sencillo y menos comprometido criticar que ofrecer alternativas, sin que dejen de ser democráticas, es fácil llegar a la conclusión de que la alternativa a una democracia corrupta es inevitablemente una dictadura (que no estaría menos corrupta). Pero cuanto más tardemos en aceptarlo más difícil será reformarla y evitar caer finalmente en una temida dictadura.

La actual democracia representativa no padece de un solo mal sino de tantas dolencias que si no muere por una morirá por otra.

 

Democracia y partidos políticos

Las facciones o partidos existen desde que se formaron las primeras asambleas populares. La razón es que en toda discusión política siempre surge un grupo minoritario de individuos que lideran los debates y una mayoría que los apoyan o los rechazan; es decir, partidarios. En esta relación dialéctica los partidarios están alienados al líder, y su única opción es cambiar de líder, o lo que es lo mismo, sustituir una alienación por otra. Por tanto, lo que hacemos al elegir un determinado líder es, en realidad, elegir a un potencial "dictador" y reconocer tácitamente nuestra alienación y sometimiento.

Por esta razón no deberíamos elegir líderes para que nos gobiernen, sino gestores para que nos administren. En nuestra sociedad de consumo, donde existe una total imbricación entre política y economía, los partidos se convierten en organizaciones fuertemente burocratizadas, cuyo objetivo es vencer la competencia con la misma estrategia que si se tratara de un producto más para el mercado. Y este modelo organizativo se encuentra lo mismo en partidos de derechas como de izquierdas.

También existe una lamentable relación entre la mediocridad de la política de los partidos y la mediocridad del criterio de la sociedad masificada que los apoya y elige. Por tanto, la soberanía en la sociedad actual no reside en los ciudadanos, sino en la muchedumbre convenientemente manipulada por los partidos.

 

Las ideologías

Posiblemente uno de los errores más descomunales de la historia del pensamiento político haya sido el haber considerado el liberalismo como una doctrina política, cuando lo que Adam Smith describió en su ensayo La riqueza de las naciones fue simplemente una teoría económica. La política es siempre social, puesto que su fundamento lo tiene en su imbricación con la sociedad donde se realiza.

Por tanto, toda política es necesariamente social; o, lo que es lo mismo, socialista, en el más estricto y exacto sentido de la palabra. Por tanto, todas las ideologías políticas son socialistas, pero unas son más liberales que otras. Por la misma razón, todos los sistemas económicos son liberales, pero unos son más sociales que otros. Las diferencias están en la mayor o menor intervención del sistema político sobre el sistema económico; eliminando su tutela, como es el liberalismo radical o libertario, o privándolas totalmente de libertad, como es la economía planificada del comunismo.

 

Una alternativa

La institución fundamental de una democracia es, por supuesto, el parlamento o asamblea popular, donde los ciudadanos deben tener la mayor y más directa participación posible. Una participación directa solo es posible en aquellas asambleas que abarquen un reducido número de población. De manera que si creemos conveniente eliminar los partidos políticos pero sin renunciar a los representantes, no hay otra fórmula alternativa que cambiar, precisamente, la forma de elegirlos y su función.

Por un razonamiento lógico, se deduce que la única forma posible para este fin es que sean aquellos candidatos elegidos directamente por las asambleas locales quienes, a su vez, elijan ellos mismos y de entre ellos mismos, los candidatos para asambleas en las no sea posible su elección directa, pues se supone que, puesto que son nuestros representantes locales, cuentan también con nuestra confianza.

Esto quiere decir que los candidatos elegidos para las asambleas locales elegirían los candidatos para las asambleas de mayor representatividad.

La otra institución que debe cambiar el mismo gobierno, que como he argumentado con anterioridad, debe sustituirse por un organismo de gestión o administración pública, cuyas iniciativas surjan indistintamente de las asambleas populares o de sus representantes. Esto quiere decir que las elecciones de representantes en las que participen directamente los ciudadanos de esta nueva democracia deben ser exclusivamente locales, o de distrito en las grandes ciudades. Más allá de esta dimensión los candidatos serían elegidos en sufragios internos por los mismos representantes. Por último se crearía el Defensor del ciudadano, o un súper-diputado, con capacidad para intervenir en las deliberaciones de las asambleas, pero no con un solo voto, sino con tantos como les concediesen los ciudadanos con la recogida de firmas.

 

Resumen

Parece poco democrático privar a los ciudadanos de elegir directamente a los miembros de las asambleas provinciales, autonómicas, nacionales e incluso la europea. En realidad sí los elegirían, pero con algunos años de antelación, pues para llegar a ser diputado nacional o europeo, antes tendrían que haber pasado por las asambleas locales, provinciales y autonómicas, con el consiguiente enriquecimiento en conocimientos útiles y la experiencia política que supondría este largo tránsito para culminar su legítima ambición.

Por tanto, los ciudadanos los eligen directamente, pero en el comienzo mismo de su carrera política, que es cuando los llegan a conocer realmente, porque además nadie se podría incorporar a la vida política fuera del ámbito local, evitando populistas, oportunistas y demagogos. Se podría argumentar en su contra que este modelo permitiría también la corrupción de los procesos electorales internos. Pero un candidato corrupto puede comprar media docena de votos, pero no los de la mayoría de la Asamblea, que serían todos independientes. Por tanto, las posibilidades de corromper el sistema de representación política son mucho menores que en el actual sistema de partidos políticos.

Artículo basado en mi ensayo eDemocracia para indignados.

 

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