Log in
×  Editar
../a/img/art/35.jpg
Demasiado deprisa. Demasiado liberales
Publicado el 05 de dic. 2016

En los últimos 20 años el uso de las nuevas tecnologías ha puesto en comunicación directa e instantánea a millones de personas que viven en “tempos“ históricos distintos. Al mismo tiempo la influencia cultural y económica del modelo político neo-liberal, adoptado en Occidente por la poderosa influencia de los EE UU, está chocando violentamente con la política de otros Estados que en ocasiones todavía no han superado una organización de carácter tribal.

¿No estaremos yendo demasiado deprisa y siendo demasiado liberales? ¿No estaremos creando las condiciones para un violento choque de culturas, tradiciones, religiones, y, en definitiva, de civilizaciones, tal y como argumentó Samuel Huntington?

Antes de que esto sucediera los pueblos más atrasados vivían aislados en sus respectivos nichos culturales, asumiendo lentamente los cambios de mentalidad que eran capaces de asimilar de su escaso contacto con el mundo exterior, y en especial con Occidente.

Durante la era del colonialismo muchas naciones se vieron sacudidas por la violenta ocupación de los colonos, pero el impacto cultural era relativamente moderado y se limitaba al contacto de los colonos sobre las costumbres y tradiciones de los nativos.

Ahora la profusión de los medios de comunicación audiovisuales globalizados vía satélite, la red Internet y sus redes sociales han disparado nuestra influencia a límites que pueden resultar intolerables, y llevar a muchas culturas locales a la esquizofrenia.

Mientras los occidentales hemos necesitado más de 200 años, innumerables guerras civiles y entre nuestras naciones, además de dos guerras mundiales devastadoras, para realizar con notables imperfecciones los principios de la Revolución francesa, ahora pretendemos que el resto del mundo haga lo mismo en medio siglo, en paz y en orden, de acuerdo a nuestros valores democráticos, que están muy lejos de ser ejemplares.

Lo malo de nuestra influencia es que no solo exportamos nuestra cultura sino sobre todo nuestra “incultura“. Les trasmitimos la simple idea de que el desarrollo cultural y económico consiste en producir y comerciar con todo lo que demanda el mercado, como películas de violencia gratita, prostitución infantil, venta de armas, comercio con residuos tóxicos, etc. ¡Además de exportar también nuestra corrupción!

Ya no es posible cerrar las comunicaciones vía satélite, ni prohibir el uso de Internet, por esa razón si queremos evitar un violento choque de civilizaciones deberíamos sensibilizarnos más con las culturas a las que inevitablemente llega nuestra influencia, y moderar aquellos aspectos que más puedan herir sus sensibilidades culturales y nacionales, mejorando al mismo tiempo nuestra propia moralidad social y voracidad económica liberal.

Solo si en nuestro propio mundo occidental y dominante se produce una verdadera revolución de la moralidad social que sea ejemplar, podremos evitar un violento enfrentamiento entre culturas y civilizaciones, que puede degenerar en una devastadora ola de terrorismo anti-occidental.
 

© leoebooks.com